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En vísperas de su cumbre en Alaska con Vladimir Putin, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado inquietud internacional al hablar vagamente sobre “propiedades frente al mar”, presumiblemente refiriéndose a zonas estratégicas en la costa del mar de Azov o del mar Negro, áreas clave del puente terrestre que conecta Rusia con la Crimea ocupada.
Este corredor, junto con las regiones de Donetsk y Lugansk, fue anexado ilegalmente por Moscú en 2022 tras referéndums considerados una farsa por la comunidad internacional. Para Rusia, renunciar a estos territorios es impensable; para Ucrania y Europa, aceptar intercambios territoriales en esta etapa temprana de las negociaciones es inviable.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, insistió en que Kyiv “no puede” abandonar el Donbás, advirtiendo que Moscú lo utilizaría como trampolín para nuevas ofensivas. Actualmente, las fuerzas rusas presionan cerca de Dobropilia, aunque no está claro si se trata de un avance estratégico real o un gesto de fuerza previo a la cumbre con Trump.
Entre los puntos de fricción están también las provincias de Zaporiyia y Jersón, capturadas parcialmente por Rusia en 2022. Según reportes, Moscú estaría dispuesto a detener su ofensiva si se mantienen las fronteras actuales, pero exige el control total de Lugansk y Donetsk, lo que implicaría que Ucrania entregue ciudades clave como Kramatorsk y Slávyansk.
Desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, Rusia ha pasado de controlar el 27% del territorio ucraniano a cerca del 20%, con avances en el este lentos y costosos. Aun así, Putin busca consolidar sus ganancias territoriales, mientras Kyiv y sus aliados europeos insisten en un alto el fuego incondicional.
Trump asegura que su objetivo es lograr la paz, pero sus recientes declaraciones sobre posibles intercambios territoriales han generado preocupación en Ucrania y en las capitales europeas, donde se teme que cualquier concesión pueda legitimar la ocupación rusa y debilitar el derecho internacional.
A medida que se acerca la reunión entre Trump y Putin, la incertidumbre crece: ¿podría la cumbre marcar el inicio del fin del conflicto, o bien un cambio irreversible en el mapa de Ucrania?

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