
Foto/ Borja Colomer
El enfrentamiento entre Estados Unidos y China por el dominio del sector de los semiconductores ha escalado durante los últimos años, con episodios que reflejan la creciente importancia estratégica de esta industria para la inteligencia artificial (IA) y la defensa.
Estados Unidos, que lidera a nivel mundial en el desarrollo y diseño de chips, ha impuesto desde octubre de 2022 restricciones severas para frenar el acceso de China a tecnología puntera. Ese mes, Washington limitó la exportación de chips avanzados y equipos de producción, alegando razones de seguridad nacional.
En diciembre de ese mismo año, EE. UU. incluyó a 36 empresas chinas en su lista negra, acusándolas de vínculos con el desarrollo de misiles y otras aplicaciones militares. Esta estrategia se reforzó un año después, tras la irrupción de ChatGPT y los temores de Washington sobre la supremacía tecnológica china.
El choque se intensificó en 2023 con el lanzamiento de un teléfono Huawei con un chip avanzado, lo que encendió las alarmas en EE. UU. En paralelo, la «Chips and Science Act» destinó 52,000 millones de dólares para mantener la ventaja estadounidense.
En 2025, la presión continuó. En enero, el chatbot chino DeepSeek sorprendió al liderar las descargas de IA en Apple, mientras que en abril, Nvidia vio bloqueada la venta a China de su chip H20, diseñado para el mercado asiático. Sin embargo, en mayo, la administración Trump suavizó las restricciones, preocupada por aislar aliados tecnológicos.
Finalmente, en julio, Nvidia reanudó las ventas del H20 a China tras el levantamiento de las sanciones. Pese a estos movimientos, Washington dejó claro que el uso de chips de Huawei seguirá enfrentando represalias. China, por su parte, denuncia hostigamiento y refuerza su apuesta por la autosuficiencia tecnológica.
Este duelo por los chips es, en el fondo, una pugna por el liderazgo global en la era de la inteligencia artificial.



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