
Foto/BBC
La histórica sequía que azota al norte de México ha reavivado un conflicto de décadas con Estados Unidos por el agua. En San Francisco de Conchos, Chihuahua, donde la presa La Boquilla agoniza a menos del 14% de su capacidad, los agricultores rezan por lluvia ante un panorama devastador: 30 meses sin precipitaciones y temperaturas de hasta 42°C.
El origen de la disputa es el Tratado de Aguas de 1944, que obliga a México a enviar 430 millones de metros cúbicos anuales del río Bravo a EE.UU., a cambio de una asignación mucho mayor del río Colorado para abastecer a ciudades mexicanas como Tijuana y Mexicali. Sin embargo, México acumula una deuda cercana a 1.500 millones de metros cúbicos, lo que ha generado presiones del gobierno de Texas y del expresidente Donald Trump, quien ha amenazado con aranceles y sanciones.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció el adeudo y ya transfirió una fracción del agua pendiente, la falta de lluvias complica cumplir con el tratado. Agricultores texanos, como Brian Jones, exigen que México respete el acuerdo, pues la escasez ha reducido a la mitad sus cultivos. Por su parte, los campesinos de Chihuahua alegan que no pueden dar lo que no tienen y que primero deben garantizar el consumo humano.
Más allá de la disputa política, el conflicto pone en evidencia prácticas agrícolas insostenibles en ambos lados de la frontera. Mientras algunos productores en México adoptan sistemas modernos de riego para ahorrar agua, otros aún inundan sus campos, lo que provoca críticas desde Texas.
A 80 años de su firma, el tratado es visto por muchos en Chihuahua como obsoleto ante el cambio climático y el crecimiento poblacional. Mientras no haya lluvias, la tensión seguirá creciendo en torno a un recurso cada vez más escaso.



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